introspección

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Seis años. Ya habían pasado seis años desde que se había ido. Le sorprendía que a pesar de todo sí sentía su ausencia. Cuando él estaba ahí no se soportaban, discutían, se repelían como el agua y el aceite. Sin embargo, ahora quería conversar con él nuevamente. Con él podía conversar al mismo nivel. De él podía aprender y también podía enseñarle. Se llevaban cincuenta y dos años de diferencia, pero se comprendían cuando conversaban.

Ya habían pasado seis años desde que se había ido, y a menudo se sorprendía al ver cómo había copiado sus actitudes. Ese carácter que tanto le molestaba ahora era suyo. Es que la convivencia hace que las personalidades se amalgamen.

Seis años. Aunque no lo admitiera, lo extrañaba.

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plagios

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“Hace un tiempo se me ocurrió un método. Un método infantil, si quieren, aunque yo prefiero calificarlo como desesperado. Decidí escribir un libro infinito, un libro que no pueda terminarse de escribir jamás. Un libro compuesto por frases o ideas, nunca de más de cinco párrafos, en torno a un tema (en este caso es la aviación comercial, mi bestia negra), que no guarde coherencia entre párrafos ni tenga límites. Un libro que sea, al mismo tiempo, crónica social y diario íntimo. He ido escribiendo ese libro desde hace años, alimentándolo, sin intención de publicarlo. Aunque tampoco me niego ante la posibilidad de publicar algunos fragmentos. Da lo mismo. Se trata de no pensar. Simplemente, ejercitar el delicioso oficio de escribir sin saber a dónde se llega, sin metas, sin carrera de caballos, sin deseos de cambiar nada ni de cumplir con nadie”.


* Por Iván Thays, en La literatura como carrera de caballos.

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