sucedió

19

—¿Por qué me sigues llamando? ¿Acaso no te quedó claro?

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—¡Pero qué cosas quieres! ¡Por qué no puedes respetar mi espacio! ¡Acaso solo las mujeres pueden tener su espacio!

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—¡Estoy cabreado, pues! Qué esperas, casi te tiras a la Panamericana y quieres que no me afecte.

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—Ahorita no es el momento. ¡Entiende! ¡No es el momento! ¡No! Mañana, bien tarde, conversaremos. Son las tres y media de la mañana, ya es domingo y tengo que trabajar, porque a diferencia de ti, que te la vas a pasar roncando todo el día, yo tengo que trabajar. ¡Qué! ¡No entiendes, ¿no?! Mañana hablamos, déjame ir a dormir. No quiero irme todo el camino conversando contigo por celular. Acabo de subirme a un taxi, el señor que está manejando tiene cara de buena gente y quiero irme a mi casa conversando con él, no contigo. ¿Puedes entender eso?

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—Porque no quiero hablar contigo. Voy a contar hasta cinco, si tienes algo importante que decir dilo ya.

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—¿¡Que tenías que estar segura de que te quiero!? ¡Claudia, te quisiste tirar del puente! ¡No jodas! ¡Tengo que pensármelo! ¡Pero este no es el momento!

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—¡Déjame en paz! No te he dicho que estamos terminando, te he dicho que no quiero hablar contigo ahora, putamare, Claudia, ¿no puedes entender eso en esa cabecita que tienes? No me hagas colgar y apagar el teléfono. Cuando llegue a mi casa te mando un mensaje por whatsapp. ¡No me vuelvas a llamar!

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—¡Quiero descansar, Claudia, por favooooor! Ya estoy llegando a la Javier Prado y todavía seguimos conversando! Ya, chau. Sí, te quiero mucho. ¡Es que tengo que trabajar! Déjame llegar a mi casa, dormir, levantarme, soltar un pedo, desayunar, trabajar y por la tarde, bien tarde, hablamos, ¿te parece?

—[Respuesta al otro lado de la línea que solo la escuchó el interlocutor.]

—Ya, chau. Ya, chau. Ya, ya, yo también. Ya.

Anuncios
Estándar
fragmentos

18*

“Cuando no tenía cigarrillos ni plata para comprarlos se los robaba a mi hermano. Al menor descuido ya había deslizado la mano en su chaqueta colgada de una silla y sustraído un pitillo. Lo digo sin ninguna vergüenza, pues él hacía lo mismo conmigo. Se trataba de un acuerdo tácito y además de una demostración de que las acciones reprensibles, cuando son recíprocas y equivalentes, crean un statu quo y permiten una convivencia armoniosa”.


* Fragmento de Solo para fumadores, cuento de Julio Ramón Ribeyro.

Estándar
introspección

16

Le hubiera gustado sentarlo en el asiento del copiloto y llevarlo de paseo adonde quisiera. Ir por La Colmena, Tacna, Miró Quesada, que eran las calles por las que había transitado toda su vida. Le hubiera gustado conversar con él mientras miraban cómo había cambiado la ciudad. Le hubiera gustado pasar por Plaza Italia y parar a comer mazamorra o picarones. 

Tantas cosas hubiera querido hacer con él, pero se fue antes de tiempo. Antes del tiempo que le tomó tener un carro. 

Fue, pues. 

Estándar