sucedió

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Otra vez se acordó de él. Cada seis meses se realizaban conferencias en su iglesia. Había sido así desde que tenía uso de razón. Él siempre lo había llevado quizá para que se le haga un hábito, o quizá porque no había con quien dejarlo en casa, pero siempre lo había llevado. Pero aunque hizo el esfuerzo, no recordaba mucho haber estado sentado con él en esas conferencias. Recordaba a su padre yendo de un lado a otro, conversando con amigos en los pasillos, cuidando las puertas cuando la capacidad de sala cubría su máximo, etc.; no podía quedarse quieto.

En una ocasión se realizó una reunión especial. Fue en 1995. La reunión sería tan grande que se realizaría en el coliseo Amauta, ese que está en Naciones Unidas con Arica. Esa reunión estaría presidida por el mismo Gordon Bitner Hinckley, quien por esa época era Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. No recordaba mucho de lo que se dijo en ese día, pues, al fin y al cabo tenía doce años, pero sí recordó que su papá igual seguía yendo de un lado a otro, tomando notas de lo que escuchaba y de las cosas que se podían mejorar en posteriores eventos. A la semana siguiente escuchó a su padre darle consejos al presidente de la estaca acerca de cómo mejorar el audio para reuniones de tal envergadura. El presidente de estaca no tenía mucha cara de interés. Pero su padre había cumplido con su cometido.

Su padre tomaba en notas en los programas de las reuniones, los mismos que se almacenaban en bolsas plásticas en alguna caja del cuarto chico. De cuando en cuando revisaba el cuarto chico, y sus cajas, y sus bolsas plásticas, y sus programas con anotaciones y recordaba que tenía que decir algo a alguien. Años despúes se descubrió a sí mismo con una buena cantidad de programas con anotaciones que él mismo había coleccionado de sus reunines eclesiásticas. Lo que se hereda no se hurta.

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