fragmentos

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El Antiguo, eso es lo que soy. Prestad atención, amigos míos: Tom estaba aquí antes que el río y los árboles. Tom recuerda la primera gota de lluvia y la primera bellota. Abrió senderos antes que la Gente Grande y vio llegar a la Gente Pequeña. Estaba aquí antes que los Reyes y las tumbas y los Tumularios. Cuando los elfos fueron hacia el oeste, Tom ya estaba aquí, antes que los mares se replegaran. Conoció la oscuridad bajo las estrellas antes que apareciera el miedo, antes que el Señor Oscuro viniera de Afuera.

+ Fragmento de La comunidad del anillo, de J.R.R. Tolkien.

¿Quién es Tom Bombadil?

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Cuando tenía diecisiete años sentía que estar en contra de su padre era un asunto prioritario. Nunca faltaron las razones para estar en contra de él, pues, eran como la noche y el día. Cualquier situación era motivo de discusión, de riña, de competencia, de enojo, al fin y al cabo él, chiquillo, quería ser mejor que su padre y creía que lo sabía todo; y, por otro lado, su padre, de sesenta y nueve años, creía que su hijo no sabía nada de nada y que no tenía ningún futuro con esa actitud.

A su padre le encantaba contar a su espectador de turno que había estudiado en el Leoncio Prado, que era la de quinta promoción, que había sido brigadier general, que había acabado en el primer puesto, bla bla bla. A su hijo, las primeras veces que escuchó la historia, le pareció motivo de orgullo, pero, luego, con el pasar de los años, y después de escuchar repetidas veces las mismas anécdotas, le pareció pedantería pura y dura.

Sin embargo, las historias eran ciertas. En los años cincuenta, el colegio militar Leoncio Prado gozaba de más prestigio que en años posteriores, por lo que no era raro que hayan habido chicos que pertenecían a la élite peruana de la época; Quispes y Pachecos se codeaban con Béhares y Cafferatas por igual y, por lo menos dentro de las paredes del colegio, a la hora de ranear o dar vueltas al perímetro, todos sudaban, se ensuciaban y era castigados sin distinciones. Quizá por compartir los castigos, las duchas con agua fría por las madrugadas y los ranchos desabridos, la amistad duraría para siempre.

En la segunda mitad del año dos mil, su padre recibió un regalo de uno de sus compañeros de promoción, un arquitecto que paraba yendo y viniendo de Estados Unidos: tres cedés de música del Coro del Tabernáculo Mormón. Al día siguiente de recibir los cedés, su papá, nunca se supo cómo, consiguió un reproductor de cedés Philips, ya que hasta ese momento nunca habían tenido un cedé, así que mucho menos un reproductor de cedés.

Captura de pantalla de 2017-10-23 21-51-54Su hijo se encargó de hacer que el cedé suene ya que se leyó todo el manual de instrucciones antes de usar el reproductor y se pusieron a escuchar un álbum titulado More Greatest Hits: 18 Best-Loved Favorites (1995). Los dos se conmocionaron al escuchar “Ode to Joy”, de Beethoven. Volvieron a escuchar todos los cedés muchas veces, pero “Ode to Joy” era una pieza a la que siempre volvían. Desayunaban, discutían, almorzaban, peleaban, cenaban, leían, todo, escuchando estos cedés del Coro del Tabernáculo Mormón, pero, siempre, más veces, “Ode to Joy”.

Cuando tenía diecisiete años sentía que estar en contra de su padre era un asunto prioritario. Diecisiete años después, con treinta y cuatro años, y con su padre ya ocho años muerto, puso “Ode to Joy” en Spotify y comprendió que la música, y en especial ese tipo de música, era algo en lo que jamás pudieron estar en contra. La música, y en especial ese tipo de música, los unió.

La conmoción fue inevitable.

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Me quedo con estas palabras que el élder Andersen citó del mensaje que el élder Robert D. Hales (1932-2017) hubiera dado:

“When we choose to have faith we are prepared to stand in the presence of God. After the Savior’s crucifixion, He appeared only to those who had been faithful in the testimony of Him while they lived in mortality. Those who rejected the testimonies of the prophets could not behold the Savior’s presence nor look upon His face. Our faith prepares us to be in the presence of God.”

Fueron cinco sesiones maravillosas.

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