fragmentos

50

—Dígame una última cosa —pidió Harry—. ¿Esto es real? ¿O está pasando solo dentro de mi cabeza?

Dumbledore lo miró sonriente, y su voz sonó alta y potente, pese a que aquella reluciente neblina descendía de nuevo y le iba ocultando el cuerpo.

—Claro que está pasando dentro de tu cabeza, Harry, pero ¿por qué iba a significar eso que no es real?

AlbusDumbledore

+ J.K. Rowling, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

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sucedió

49

Puso su pelota en una bolsa con asa y salió contento con su mochila al hombro. Iba a ser incómodo subir a la verde con otro bulto más pero no le importaría porque ahora sí lo escogerían en el partido del recreo. Sus habilidades con pelota eran fantásticas en su mente, pero un desastre en sus pies, por eso nunca lo escogían para jugar partido, ni siquiera al gol. Tenía que ver el partido desde afuera, apoyado en la reja, porque tampoco querían que toque la pelota. Pero esta vez no sería así.

Las dos horas cuarenta minutos fueron interminables. Laboral siempre había sido un suplicio para él, pero esta vez fue peor porque sentía que los minutos se multiplican por dos. Pero al final el recreo llegó: veinte minutos que hacía que valiera la pena ir al colegio.

Todos sabían que él había llevado la pelota, pero ninguno de los dos equipos lo quería en el suyo. No podían permitirse tener un jugador que no sumara, y en este caso, se trataba de un jugador que restaba: no sabía parar la bola, no sabía dar pase, no sabía marquear y siempre que corría tras la pelota, desordenadamente, no podía quitarse del rostro esa estúpida risa incontrolable. La verdad es que él intentaba parar la bola, pero el pie se lo doblaba; intentaba dar pase, pero llegaba demasiado tarde, o demasiado lejos, o demasiado tarde y lejos: intentaba marquear pero abría demasiado las piernas y terminaba con una ensalada de huachas; y la risa… no la controlaría hasta bien entrada la adolescencia. Pero él había llevado la pelota y tenía que jugar.

Paz lo escogió en su equipo. Paz siempre lo escogía; incluso un vez le dio su pelota para que practique en el pasillo, mientras afuera todos los demás jugaban partido. Del Castillo jamás lo escogía. Del Castillo jugaba muy bien y, al parecer, sentía desprecio por quien no jugara como él.

A los pocos minutos, Paz se arrepintió de haberlo escogido. Los tres goles habían venido por su lado y él solo atinaba a reírse estúpida y descontroladamente. Entonces Paz lo puso al arco, en dónde quizá pasaría menos penurias, pero fue peor, porque a ese arco se le metían hasta las tortugas.

Paz le gritó al quinto gol en contra y a él empezaron a hinchársele los ojos. Corrió hacia su pelota, la metió en bolsa con asa y de fue con paso decidido hacia el pasillo en donde se sorprendió a sí mismo llorando.

Nunca más volvería a llevar su pelota y su bolsa con asa. Nunca más volvería a ser escogido en el partido del recreo.

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ficciones

48

Sus vidas, muchos años atrás, se habían cruzado. Había un interés recíproco e inocente, aunque también inmadurez y esa terrible falta de reflexión que impide pensar en las consecuencias antes de cometer una acción. Fue esto, al fin y al cabo, lo que echó a perder todo.

Sus vidas se separaron y las vivieron por caminos distintos, cada uno haciendo su mejor esfuerzo por encontrar, como si fuera posible, la felicidad. Los cabellos encanecieron, las barrigas se hicieron más redondas, las arrugas surcaron los rostros, las responsabilidades crecieron más rápido que sus cuentas, y, así, dando tumbos, hallaban chispazos de felicidad: momentos efímeros que ayudaban a sobrellevar horas de desasosiego, días de incertidumbre, semanas de pesares, meses de paciencia, años de esperanza.

Sus vidas, muchos años después, se volvieron a cruzar. Había un interés recíproco e inocente, aunque también madurez y esa terrible virtud que hace analizar consecuencias antes de cometer una acción. Fue esto, al fin y al cabo, lo que hizo que sus vidas volvieran a sus caminos distintos.

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