ficciones, reproches

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Tenía la debilidad de ceder al impulso de comprar cuánto cuadernos y lapiceros bonitos encontrara. Siempre le había gustado escribir, pero nunca tuvo la disciplina para avanzar más de diez páginas, o más de diez entradas continuas en el blog, o más de diez días seguidos en el diario. Pero aún así compraba cuadernos, blocs, folders, pioners, lapiceros de tinta seca y líquida y así. Se repetía a sí mismo que si además de no tener la constancia de escribir algo le sumaba el hecho de no comprar cuadernos y lapiceros ahí sí que todos sus sueños de escritor se irían al tacho. 

Y así, con ese pensamiento, hacía su cola en caja y pagaba por sus cuadernos y lapiceros. 

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